La casa del chocolate de la Habana Vieja

Hernán Cortés fue el primer europeo conocido que degustó el chocolate. Lo bebió en copa de oro en un banquete con que lo homenajeó el emperador azteca Moctezuma, y se apresuró en dar cuenta de su hallazgo al monarca español. El líquido que en esa civilización llamaban xocolatl, era un regalo divino: aliviaba el cansancio y deleitaba el reposo; mientras se empleaba, asimismo, con fines terapéuticos y las semillas tostadas que le servían de base, tenían el uso de moneda de cambio.

Extendida la novedad a otras latitudes del mundo, el chocolate se convirtió en uno de los manjares de preferencia de figuras como María Teresa, esposa de Luis XIV, que presentó al monarca como regalo de compromiso un cofre lleno del preciado producto, con la referencia de que el chocolate y el rey eran sus únicas pasiones.

La Habana Vieja es privilegiada una vez más ya que entre las calles Amargura y Mercaderes en la célebre Casa de la Cruz Verde, otrora residencia de los Condes de Lagunilla, radica desde el año 2003 el Museo del Chocolate. En el museo se pueden observar colecciones de tazas chocolateras de porcelana procedentes de países como Alemania, Francia, Gran Bretaña, e Italia. Además cuenta con chocolateras y envases donados por el Museo del Cacao y Chocolate de Bruselas. Entre ellos, se distingue una taza bigotera francesa, con la cual los caballeros bebían el delicioso líquido sin mojar sus bigotes.

El lugar adorna sus paredes con infografías que describen tanto la historia del chocolate como la descripción de algunos de los procesos de elaboración. La edificación en su parte inferior cuenta con una pequeña área comercial donde se expenden productos duros derivados del chocolate. Entre estos productos se encuentran bombones normales y rellenos con distintos sabores, en tabletas, figuras hechas por curiosos artesanos y que reflejan desde huevos, conejos, gallos y gallinas, autos, hasta pequeños hombrecitos. Estas figuras cuentan con acabado increíble y los maestros del chocolate logran crean duplicados de la naturaleza.

Esta institución cuenta además con un pequeño bar, armonizado con mesas y sillas a modo de restaurante donde sus visitantes pueden consumir los productos antes mencionados y además otras preparaciones más tradicionales. En este salón los adictos al chocolate podrán recibir una inolvidable dosis de exquisito chocolate y sabrosas trufas. Esta zona tiene una carta de chocolates muy variada y en diversos estados: frio, caliente, en tableta, blanco, negro, suave, espeso, dulce y amargo. En el Museo del Chocolate el visitante puede además apreciar las técnicas aplicadas para la fabricación artesanal de bombones, todos los martes y viernes, a las once de la mañana, o degustar la exquisita bebida preparada de la manera tradicional o según la elaboraban los aztecas.

Hasta esta esquina de Amargura, risorio nombre para una calle donde se encuentra un museo de unos de los productos más deliciosos del planeta, llegan diariamente docenas de turistas y lugareños. El lugar es ideal para disfrutar no solo de una clase de historia de una manera diferente, en que otro museo del mundo el visitante puede comerse parte de la exposición, sino para endulzarse el paladar.

One thought on “La casa del chocolate de la Habana Vieja

Deja un comentario